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"El
jefe de Kpangblamai era de una hospitalidad abrumadora. Apareció antes
de que me diera tiempo a instalarme y descansar y tomar una copa. Era un
viejo, arrugado y reservado, con un turbante y una especie de túnica
Liberty que era como los vestidos para el té que se usaban en los tes
literarios eduardianos. Traía con él a su segundo, que vestía una
túnica de la tela indígea ordinaria, azul y blanca a rayas, y un
maltrecho sombrero hongo. Era más viejo aún que el jefe y ninguno de
los dos hablaba una palabra de inglés, pero mientras que la actitud del
jefe me dio una impresión de benevolencia más bien cansina y triste,
su segundo desbordaba perspicacia, ironía y un humor obsceno. Reía
entre dientes de una forma taimada; quedé convencido de que debía
tener información sobe todo el poblado; no era un idealista como el
jefe; si hubiese pertenecido a otra raza, habría sido uno de esos
ancianos que dan pellizcos a las chicas en el trasero de una forma
cordial e inofensiva."
De "Viaje sin
mapas, una aventura por el corazón de Liberia" (1936) |