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LA ÉPOCA
El Sueño del Caballero. Diputación de Badajoz, 2000. El Arca de Papel,
2001 y 2009. Breve apunte sobre el siglo XVI y los
llamados Conquistadores A comienzos del siglo XVI, la sociedad occidental
recoge los frutos de las enseñanzas renacentistas de renovación y
abandona definitivamente la edad media para introducir revolucionarios
conceptos sobre la libertad, la religión, el arte... se rompe con las
tinieblas, representadas por el sistema feudal, y los ciudadanos se
acogen a una única autoridad: la que se ejerce desde la corona. Durante
los primeros treinta años del siglo, se explora y conquista gran parte
de América del Sur, se circunnavega el globo, se construyen las primeras
universidades americanas; son años de grandes gestas, no exentas de
polémica, cuya impronta llega hasta nuestros días. |
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Pero al lado de estas ideas de renovación, conviven
aun leyendas y mitos. Desde El Dorado a las sirenas, desde la Fuente
de la Eterna Juventud hasta El País del Oro y la Canela. Y
hay hombres y mujeres dispuestos a arriesgar vidas y hacienda
persiguiendo sueños, infatigables, abriéndose paso a sangre y fuego
sin reparar en peligros. Estos exploradores -conquistadores es una
acepción acaso poco afortunada- han sido juzgados y condenados por la
hipócrita moral occidental del siglo XX. Y me centraré en España, por
no entrar en Sudamérica, puesto que las innumerables dictaduras que han
sacudido y sacuden el continente han ejercido de manera sobresaliente el
falso papel de respeto a la cultura autóctona, cultura que en muchos
casos ha sido inventada por esos mismos gobiernos. Si bien es cierto que
las imágenes de los exploradores fueron usurpadas y manipuladas por la
dictadura franquista y sus colaboradores, no
menos cierto es la absurda acusación de una supuesta progresía que los
tacha de asesinos, destructores sistemáticos de idílicas culturas
indígenas, carroñeros sin escrúpulos. Ambos extremos han adaptado a
sus intereses sendas interpretaciones de la Historia que podríamos
calificar como oficiales; fuera de ellas, cualquier opinión es
tachada de reaccionaria. Resulta bastante triste que desde nuestra
cómoda mentalidad actual nos atrevamos a juzgar bajo generalidades a
quienes hace quinientos años no formaron parte de ningún ejército
invasor, ni de colectivo socialmente estructurado alguno. Individuos que
no aceptaron la vida impuesta por una Europa que, desde su nacimiento hasta su
muerte, les relegaba a ocupar un puesto determinado en la sociedad. Gente
que, en su mayoría, no obtuvo finalmente de sus viajes más que muerte
y olvido. Para acercarse a ellos, con el respeto que solo el estudio
serio puede conferir, me permito esbozar una idea: perseguían sueños
-porque sueños son la Fuente de la Eterna Juventud y El
Dorado- pero sobre todo, buscaban Libertad.
Bibliografía utilizada
No podría dejar de
nombrar algunas obras fundamentales para ambientar El Sueño del
Caballero en el fascinante siglo XVI:
Naufragios,
de Alvar Núñez Cabeza de Vaca (Aguilar, 1960). Probablemente, uno de
los mejores libros sobre viajes y aventuras, escrito en primera persona
y recogiendo las experiencias personales del autor. El Sueño del
Caballero rinde varios homenajes a la obra y a la persona del explorador
Cabeza de Vaca. A través de sus páginas nos encontramos con un
personaje de espíritu noble y generoso. Probablememente por este motivo
murió en el olvido y, como tantos otros, recluído en un convento.
Del Orinoco al Amazonas,
de Alejandro de Humboldt (Labor, 1988). Entre 1996 y 1998 realicé
varias etapas de la ruta seguida por Humboldt entre Europa y América
Central, visitando algunos de los lugares descritos en sus trabajos.
Dejando aparte su legado como científico, como viajero Humboldt resulta
indispensable.
Historia
de el Nuevo Mundo,
de Girolano Benzoni (Alianza, 1989). Este es un libro realmente curioso,
supuestamente escrito en 1565 por un cazador de indios italiano.
Constituye uno de los pilares sobre los que se sustenta la "leyenda
negra española". Hoy parece demostrado que se escribió con una
marcada intención política, llegándose a dudar sobre la propia
existencia del autor.
El
Señor Inquisidor y otras Vidas por Oficio,
Julio Caro Baroja (Alianza, 1968)
Los
Conquistadores de América,
de Francisco Morales Padrón (Espasa, 1974)
La
Hueste Indiana (revista),
por Manuel Ballesteros Gaibrois (Historia 16, 1985)
Viejos
Valores Pacenses,
por Fernando Casto Durán (Ayto de Badajoz, 1949). Este excelente
trabajo resultó fundamental para reconstruir el Badajoz del siglo XVI.
Cartas
de Relación,
por Hernán Cortés (Globus, 1994).
Historia
General de las Indas,
por Francisco Lopez de Gómara (Orbis, 1985).
La
Araucana, de Alonso de Ercilla (Chair, 1993)
El
Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, por Miguel de Cervantes. Una obra capaz de dar sentido a la vida. Uno
de los protagonistas de El Sueño del Caballero tomó su nombre y parte
de su personalidad de don Alonso Quijano.
Aparte de la
documentación bibliográfica, viajes a América Central, a
Italia y paseos por Badajoz y Seville sirvieron para recoger de primera
mano parte de las experiencias vertidas en la novela.
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