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"Era Solís un hombre
elegante en el vestir, pulcro en su aseo personal (...), de aspecto noble, con cuidada y
corta barba negra en la que resaltaban algunas canas plateadas que contribuían a reforzar
una imagen de atractivo y grave ricohombre"
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Este
hidalgo ejerce varias profesiones aunque ninguna muy decente: soldado de
fortuna, tahúr, amante y ladrón, todas pueden resumirse en una:
buscavidas. Solís maneja la vida a su antojo y no está dispuesto a
convertirse en un hidalgüelo hambriento, así que cuida extremadamente las
apariencias y pone en práctica todo tipo de artimañas para salirse con la
suya. Perteneciente a una antigua y noble familia enraizada con los Cortés
de Medellín, a los diecisiete años comenzó a viajar acompañando a su
padre para combatir al rey de Francia en los campos italianos. Durante estas
batallas aprendió que el honor, la religión, la gloria y otras enseñanzas
aprendidas en su niñez, no proporcionaban más que un sufrimiento inútil.
Años después participó en una desafortunada expedición al delta del
Orinoco. Tras su regreso a Extremadura sobrevive al límite, esquivando las
dificultades con una alta dosis de ironía e ingenio y con la ayuda de su
criado Esteban. |