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"Sin barba y con el cabello largo, alejado de la moda
corriente, su aspecto se asemejaba más
al de un noble italiano, quizá un antiguo condottiero..."
Esa fue la impresión que Alonso de Aguilar causó a Diego Solís
la primera vez que se encontraron. Tras haber luchado en Nápoles bajo el mando del
Marqués de la Pescara, el joven hidalgo regresaba a Castilla cuando su barco fue
capturado por piratas argelinos. Los siguientes tres años de su vida transcurrieron en
las mazmorras de Argel, de donde intentó escapar hasta cuatro veces, aunque sin éxito.
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Finalmente su tío, el Duque de Torralba, logró pagar el rescate exigido por
los piratas, permitiendo que el muchacho regresara a España. Durante su
cautiverio, Alonso trabó amistad con un anciano prisionero aragonés que tomó
parte en la conquista de La Española y a través del cual conoció los
misterios de Las Indias; la región de las Siete Ciudades, el César Blanco,
pero, sobre todo, la leyenda del Árbol de la Vida, que proporcionaba la
inmortalidad a los caballeros puros de corazón.
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A Diego Solís |
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A Leonor de Yonville |
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